Anonima
Allí entre tantos otros como él se encontraba Árbol, ya no recordaba su especie ni origen solo escuchaba que le decían así Árbol. Un objeto decorativo de parques y veredas que da respiro a nuestras almas, pero ya nadie se acuerda de eso. Árbol se convirtió en arco de fútbol, en trepadora de niños, en sujeta barriletes, un hogar para animales, un mural para los enamorados.

Sus raíces simulaban los dedos de las manos de los humanos, sobresalían de la tierra levantando todo aquello frente a él, como si inconcientemente quisiera huir. Escapar de su naturaleza, dejar de sentir, convertirse en ropero, cuna o mesa ya nada le importaba.

Árbol sentía dolor, sufría el dolor de sus ramas y hojas, sufría el dolor del suelo que lo sujetaba pero Árbol no sufría el dolor de la piedra. Una piedra tan dura que ya no siente, una piedra que resiste y no da cuenta de cuando es su hora de desaparecer o mas bien volverse polvo, Una piedra que se deteriora con golpes y no tiene edad ni nacimiento planificado. Árbol tenia ya mas de 200 años, cada uno marcado circularmente dentro de el.

Allí entre tantos otros como el, se encontraba Pablo, no recordaba su origen ya a nadie le interesaba eso, su libreta de enrolamiento decía que se llamaba Pablo. Un viejo de barrio que solía contar historias cuando sus hijos eran chicos sentado en la puerta de su casa mientras tomaba mate, pero ya ninguno de ellos se acuerda ni quiere escuchar de nuevo lo que no recuerda. Pablo se convirtió en hijo, padre, abuelo, pablo se convirtió en historia.

Las venas violetas y verdes de sus manos sobresalían de su fina piel. Pablo ya no quería, sino que solo hacia. Se despertaba temprano, caminaba como le había dicho su medico, almorzaba, recibía de vez en cuando el llamado de alguno de sus hijos, iba a visitar cada aniversario a su mujer en el cementerio. Pablo hacia pero ya no construía ni destruía, ya no veía sino miraba, ya no sentía sino que tocaba. Pablo tenia 80 años, cada uno se reflejaba en sus ojos, labios, piel y manos. Pablo era pero ya no sabía nada, era sin rumbo, solo esperaba a su tumba la cual lo tentaba con sus fúnebres ramos

Árbol y Pablo sufrían ser un ser vivo, Pablo sufría ser conciente de haber sido y no ser nada mañana, sufría la vida, sus sombras mientras sentado debajo de aquel Árbol que miraba de pequeño sintió la tierra y sospecho el espanto de seguro mañana estar muerto.

Inspirado en LO FATAL de Ruben Dario
3 Responses
  1. Tam Says:

    Este texto es muy bueno Mariam.... no puedo agregar mucho más a lo que ya dijiste... Ese ser y no ser al mismo tiempo. El sentir y no querer o el querer sin sentir. El olvido...ay! el olvido...qué razon para ser cuando ya no se es a la par de nadie? inquieto, inmóvil. Arbol y Pablo. Tan iguales en su existencia en su vida que seguramente, moriran juntos...y así como cae un Arbol y nadie lo escucha, carente de importancia, caen nuestros abuelos, silenciando la historia...y eso me entristece.


  2. virgiricci Says:

    A quien llora en silencio nadie lo escucha, quien muere en silencio no dispara alertas, quien es/deja de ser sin ser notado, no altera el orden de las cosas en la vida de nadie... la irrelevancia... todo un tema. tiene que ver con el olvido, tiene que ver con el descuido (propio y de terceros), tiene que ver con la indiferencia, y sobre todo, tiene que ver con la realidad.

    Uno de mis mayores miedos es volverme absolutamente irrelevante. Vivir en el pasado y en los tiempos buenos y preguntarme cómo terminé siendo nada. Es un pensamiento terrible.

    Todos somos nada al final de nuestra hostoria. O bien somos cenizas y terminamos dispersados en vaya a saber uno donde, o terminamos siendo comidos por los gusanos y solo queda de nosotros una placa con nuestro nombre y dos fechas... el final es funesto siempre, el tema es el medio, no ser nada en el medio, ni a los 20 ni a los 80. No dejar que la progresión de los años y los hechos nos borren, no dejar que perdamos a la gente que queremos, no olvidarnos de nadie, estar, rompernos para ser y hacer, para que lo que hacemos diga mucho sobre nosotros...

    Es duro, a veces incluso deseamos no ser nadie o bien deseamos ser otra persona (esto esta tb muy ligado a tu post anterior), con eso solo logramos rechazar nosotros nuestra propia identidad, y si nosotros nos rechazamos, no queda mucho para el resto. Quien puede querer a alguien que no se quiere ni un poco? Quien puede recordar a alguien que no se recuerda a sí mismo? Quien puede pensar en alguien que a veces es cuna, otras leña y otras piso parquet? la identidad nos pasa un precio, perdemos mucho por ser quienes y como somos, perdemos a costa de no cambiar y ser lo que otros quieren que seamos si pudieran moldearnos... pero queda otra? podemos ser algo que no somos? o podemos ser quienes somos y defenderlo a muerte?

    todos somos, podemos volvernos invisibles o ser olvidados en un segundo, pero somos...

    muy muy bueno, estás muy existencialista (yo tb)

    besos


  3. Gonzo Says:

    Afortunadamente nada es eterno y digo afortunadamente porque el saber que todo tiene un final hace que uno valore un poco mas el HOY porque el Hoy no va a volver a pasar.
    Sobre el ser o no ser... mi pensamiento siempre fue que nosotros somos lo que dejamos en los demas. Creo que el compartir momentos, anecdotas hacen que quede una marca nuestra en otras personas y eso es para mi el trascender... es lo mas inmortal que seremos. Si no dejamos nada, si nadie se acuerda de nosotros ahi es donde desaparecemos, ahi es donde nos convertimos en nada.

    Besos


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